Eco Editorial

Cuando el miedo entra al hogar: 7 mujeres asesinadas por pareja ¿Por qué seguimos llegando tarde?

La República Dominicana vuelve a extremarse ante una cadena de feminicidios que revela una herida social cada vez más profunda.

En apenas 17 días de mayo, al menos siete mujeres fueron asesinadas presuntamente por sus parejas o exparejas, confirmando que el país enfrenta mucho más que hechos aislados: una crisis estructural de violencia machista que se alimenta del control, la obsesión, la impunidad emocional y el fracaso colectivo para detectar señales de peligro a tiempo.

Los nombres de Yessika Álvarez Jiménez, Alfania Hernández, Esmeralda Moronta de los Santos e Indhira Beltré, ya forman parte de una dolorosa lista que crece demasiado rápido. Detrás de cada caso hay hijos huérfanos, familias destruidas y una sociedad que parece acostumbrarse peligrosamente a convivir con la tragedia.

La pregunta urgente no es solo cuantas más morirán, sino por qué seguimos llegando tarde. Las estadísticas oficiales, las campañas aisladas y las condenas públicas no han logrado desmontar un patrón que mezcla dependencia emocional, cultura de posesión, normalización de la violencia y profundas carencias de salud mental.

Muchos agresores presentan conductas obsesivas, incapacidad para aceptar rupturas, celos patológicos y necesidad enfermiza de control. Sin embargo, esas señales rara vez reciben atención temprana.

Desde una mirada científica y psicológica, el problema exige ser tratado como una emergencia nacional multidisciplinaria.

No basta con soportar penas después del crimen. El Estado, las universidades, los medios, las iglesias, las escuelas y las familias deben construir un sistema preventivo capaz de identificar conductas de riesgo antes de que la violencia escale al asesinato.

Es momento de impulsar evaluaciones psicológicas obligatorias en casos de denuncias reiteradas por violencia o acoso; crear unidades de seguimiento emocional para agresores reincidentes; ampliar los programas de salud mental comunitaria; fortalecer la educación emocional desde las escuelas y desarrollar campañas permanentes que desmonten la idea de que el amor implica control o pertenencia.

También resulta urgente revisar los protocolos institucionales. Casos recientes muestran mujeres que acudieron a denunciar hostigamiento horas antes de ser asesinadas.

Eso obliga a preguntarse si el sistema realmente está reaccionando con la velocidad y sensibilidad necesarias ante señales de alto riesgo.

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